Caracas, la jungla de cristal

Supongo que todo el mundo ha visto esa película. Bruce Willis luchando contra unos malos malísimos que atracan un rascacielos en L.A. Bueno, creo que es un título que a esta ciudad le viene como anillo al dedo, por toda su connotación.

En primer lugar, debo decir que me encantó Caracas. Yo venía de pasar casi tres meses en Cartagena, y quince días poco menos que en medio del monte. Llegar a Caracas en mi mente fue como: “esto, es lo que estaba buscando”.

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Vista de Caracas con El Ávila al fondo

Desde que dejé Barcelona (España) en 2013, mi idea era buscar una ciudad que la emulara. Barcelona es en mi opinión una ciudad increíble, que lo tiene prácticamente todo. En general, lo que me gustaba de Barcelona era estar en una ciudad grande, donde no te encuentras a la gente por la calle, donde eres un anónimo más que se confunde entre la multitud. Me gustaba que da igual que sea lunes o viernes, que sean las ocho de la mañana o las once de la noche. Siempre hay movimiento en Barcelona, y siempre encuentras cosas que hacer o sitios a donde ir. Es una ciudad cosmopolita, donde como bajes al centro es el español quien se vuelve extranjero, y donde la libertad y diversidad cultural tienen lugar en un espacio bien cuidado, una ciudad histórica con encanto y un ensanche bien diseñado. No es tampoco una megalópolis tipo Tokio o México, de modo que no hay grandes problemas de tráfico, y tiene un transporte público más que eficiente, de autobús, metro y bici pública.

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El enome tiralíneas de Barcelona, la ciudad mágica, desde el Tibidabo

Por supuesto, Caracas no tiene todas estas cualidades, pero sí comparte algunas y además tiene otras grandes ventajas que la hacen una ciudad muy atractiva: una gente cercana y acogedora, de trato fácil, en línea con lo ya visto en Colombia, y un clima prácticamente perfecto. Sí, el invierno era posiblemente el peor defecto de Barcelona. Caracas en esto es el lugar idóneo, la temperatura apenas varía unos grados en verano, y por el día puedes ir de corto, y a la noche una chaquetilla es suficiente. Además, al llegar a Caracas uno siente que está en una gran ciudad, a diferencia de Cartagena, que podría considerarse más bien un pueblo grande. Pues la diferencia de una ciudad de poco más de un millón de habitantes, a una de más de cinco, tamaño similar a Madrid. Y lo que fue el colofón para mí fue el precio. Dada la actual crisis del país, para cualquier extranjero es, con diferencia, el país más barato de toda Suramérica, por lo que pude disfrutar sin preocuparme de la ciudad sin preocuparme de esto.

De talle de uno de los barrios tricolor, viviendas sociales promovidas por el gobierno.  Como se puede ver también, algunos vehículos son realmente antiguos, raros de ver fuera del país

Detalle de uno de los barrios tricolor, viviendas sociales promovidas por el gobierno.
Se observan también algunos vehículos antiguos, raros de ver fuera del país

Por supuesto, el problema principal es la demente inseguridad, pues es un condicionante enorme que te impide hacer muchas actividades que consideraríamos normales en cualquier ciudad del globo. Más que por el número de muertos -Caracas es con diferencia la ciudad con más homicidios del mundo-, pienso que la inseguridad se puede medir por el número de cosas que no puedes hacer. Cartagena, por ejemplo, tiene inseguridad, pero no te impide hacer demasiadas cosas. Debes extremar precauciones por las noches en lugares solitarios, y no meterte en barrios donde no te llaman.

En Caracas, este tema pasa de castaño oscuro, y por ello, a diferencia de Colombia, no recomiendo a la gente venir aquí. Algo tan básico como bajar a visitar el centro puede ser sumamente peligroso para un turista, así como coger una buseta o parar a según que taxi. Estar sencillamente parado en muchas calles a las once de la mañana va a ser algo muy poco recomendable para un extranjero. Y así muchas otras cosas.

En Cartagena, los barrios pudientes quedan claramente divididos de los populares en centro-no centro. En Caracas, estos barrios están maclados perfectamente con toda la ciudad, y no existe propiamente ninguna zona harto segura. Caracas se extiende en un valle a los pies del Parque Nacional El Ávila, una pequeña sierra cuya directriz va de oeste a este, en paralelo al mar. En la vertiente sur de la montaña queda Caracas, y en la norte, el mar. El oeste de la ciudad es la zona considerada insegura, y la zona “bien” está concentrada hacia el este. Sin embargo, justo en la entrada este de la ciudad se encuentra Petare, que es el barrio más grande de toda Latinoamérica. Cuando llegas desde Barcelona (Venezuela) por la autovía, la primera imagen de la ciudad son tres kilómetros contínuos de sólo chabolas, si bien éstas se extienden aún varios kilómetros más hacia el interior.

Equilibirsmo en El Ávila

Haciendo el tonto en El Ávila. Al fondo se puede intuir el mar

Por suerte para mí, mi tía vive en uno de los barrios más “seguros” de la ciudad: Chacao. Chacao queda, como se ve en el mapa, bastante al este de la ciudad. Tanto que ni siquiera es ya el mismo municipio. Sin embargo, es lo que se puede considerar el centro neurálgico hoy en día. Chacao y Altamira es la zona principal de oficinas, así como un barrio lleno de tiendas y centros comerciales, y donde se ofrece también una parte importante de la vida cultural y nocturna de la ciudad. Está comunicado con la línea principal de metro este-oeste y se presupone un barrio mejor cuidado y con mejores servicios básicos, como la sanidad por ejemplo. Aún así, ni siquiera aquí es raro, que servicios como el agua se vayan alguna que otra vez a la semana.

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Mapa de Caracas. Al norte, El Ávila

Pongo lo de “seguro” entre comillas, porque Chacao fue el epicentro de las manifestaciones de 2014 por las que hubo 43 muertos. Chacao es un bastión histórico de la oposición venezolana, y es por ello que los ciudadanos se manifestaban aquí, es aquí donde se sienten más protegidos, pues de hacerlo en algún barrio pro-chavista probablemente todo acabaría en algo mucho peor.

En los primeros meses de 2014 la cosa se puso muy fea, tanto, que mi tío se llevó a su madre a Puerto La Cruz durante unas semanas. En el edificio de mi tía cayeron varias bombas lacrimógenas, en el portal, en el piso de encima, y en algún otro. La gente esas semanas vivía encerrada, y colocaban cartones en los vidrios para evitar dichas bombas. Por algún motivo la policía disparaba contra las casas de los vecinos. Esto puede sonar surrealista o exagerado, pero en Venezuela, esto es así. La policía es un cuerpo corruptísimo, lleno de malandros, y totalmente politizado. Al ser casas de gente de la oposición, pues…

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Foto desde el balcón de la casa de mi tía. Aún hoy día, si hacéis zoom, se pueden observar dos tiros en la ventana azul

Cuando yo llegué la cosa estaba “calmada”. Hubo varias manifestaciones agresivas, pero de modo puntual, no continuado como el año anterior; y sí, durante todo el tiempo que estuve no cesaron los rumores de un golpe de estado, pero por suerte nunca se llevó a cabo. El mayor problema que tuve fue no poder salir a la avenida principal Francisco de Miranda, dos calles más abajo, algún que otro día, y una noche en que mi tío me llamó a eso de las once para decirme que no volviera aún a casa, pues el lío estaba en la propia calle. Queda a modo de anécdota.

En Caracas tuve suerte. Nada más llegar conocí a las vecinas de mi tía, tres hermanas que rondaban mi edad, y envié varios mensajes a couchsurfers para poder conocer la ciudad sin estar atemorizado, así como a su gente. Asimismo, Ibelis todavía estaba en Caracas y coincidí con ella unos días, lo cual estuvo perfecto para conocer el centro de la ciudad, el monte Ávila, y a Dgisa, una buena amiga suya que se convirtió en mi principal contacto. Decir que tengo pocas fotos de Caracas porque, en general, sacar el móvil es un riesgo demasiado alto, especialmente en el centro.

"Tenemos patria". Foto tomada en el centro de Caracas. Los mensajes políticos, carteles y pancartas, son habituales en todo el país.

“Tenemos patria”. Foto tomada desde un museo en el centro de Caracas. Los carteles y pancartas políticos son habituales en todo el país

Tomé de nuevo esta vez la misma estrategia que en Cartagena: buscar una habitación donde quedarme para tomarlo como base para hacer mis viajes, algo que me dio bastante buen resultado en la primera etapa en Colombia. No soy el prototipo de viajero mochilero. Técnicamente lo soy, pues mi equipaje en todo este tiempo ha sido apenas una gran mochila, pero no de espíritu. Me gusta viajar y me gusta conocer, pero no del mismo modo que habitualmente siguen los conocidos backpackers. O quizá no lo haya probado a grosso modo porque no lo he visto suficientemente atractivo. Creo que hay mucha diferencia entre viajar por Suramérica, y vivir en Suramérica, mientras viajas. Viajar está bien, pero si lo haces durante meses sin establecerte en ningún sitio, es algo que creo que me cansaría, pues ya cuando llevo quince días sin pisar mi casa empiezo a extenuarme. Vivir mientras viajo es lo que yo estaba buscando. Cuando salí de España, mi idea no era viajar porque sí. Era buscar un sitio donde establecerme, y de paso, conocer otros lugares.

La búsqueda de habitación fue una odisea que merece un capitulo aparte, así que… hasta aquí la introducción sobre Caracas. Más en el próximo episodio, ¡no se despeguen de sus pantallas!

BSO: la de un conocido rapero venezolano. El videoclip está grabado en Petare, probablemente el barrio más peligroso de la ciudad.

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2 comentarios en “Caracas, la jungla de cristal

  1. Pingback: Historias del país de la locura (II) |

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