La soga del muerto

Así es como la llaman.

Cuando vine a América, sabía que era una de las cosas que iba a probar, tarde o temprano. Mi amigo Dani, arquitecto también, se había pasado un año en el Amazonas de intercambio universitario, y no paraba de hablar de esto. Tanto la recomendó y tan buena experiencia decía haber tenido, que me metió el gusanillo. Ya existe en Europa, aunque a precios estratosféricos y muchas veces sacada de contexto, pero se está poniendo muy de moda. Dani me recomendó probarla como lo había hecho él, en la selva, y a cargo de un chamán que la prepare. Así que como en Venezuela llevaba idea de entrar al Amazonas en algún momento, entré en contacto con un grupo en Facebook que se dedicaban a realizar tomas de ello. Al final lo de la selva fue imposible, pero no es tan relevante. Los que no os oléis aún de que estoy hablando, estaréis pensando que me he vuelto loco… ¿de qué está hablando el drogadicto este??

Bien, no sé si llamarla propiamente “droga”. Dani se indignaría enormemente si la llamara como tal, pues para él es tan “inocuo” como tomar agua.

Mucha gente la considera una medicina. Y si queréis saber mi opinión… pues viene siendo ambas. Considero una droga todo aquello que altera el sistema nervioso, así que si tengo que acogerme a mi definición, sí, lo es. Igual que la marihuana, la cerveza o el café. El tema es que la dicotomía medicina-droga es una línea muy fina. La gente tiende a asociar drogas así: drogas = uso lúdico = ilegal = malo. Medicinas = uso médico = legal = bueno. Si bien, ya está muy extendido y aceptado que hay drogas medicinales, como la marihuana, que se usa para paliar los dolores de la quimioterapia, por ejemplo.

En realidad todo esto me parece muy simplista. El alcohol o el café son drogas legales, y no por ello dejan de serlo. Al igual que casi todo lo que compramos en farmacia, que les llamamos “medicamentos”, pero que muchos son drogas potencialmente mucho más peligrosas y duras que las que tenemos en la calle. Sí, han pasado un control, pero no por ello deja de ser cierto lo dicho. Aparte, no estoy nada en contra del uso de las drogas de un modo lúdico, siempre con cuidado claro, pero me parece que están denostadas absurdamente en nuestra sociedad. La gente se toma ocho cervezas cada viernes, o come carne dos veces al día todos los días del mes y ni se plantea si es sano; ¿y luego clama al mundo porque alguien se toma una pastilla una noche de diversión?

Obviamente también estoy a favor de la legalización de las drogas, lo cual llevaría a dejar a una panda de indeseables sin el chollo de negocio que tienen, además de contribuir enormemente a solucionar muchos otros conflictos, como la financiación de armas (la de las FARC aquí en Colombia y Venezuela, sin ir más lejos) o la sistemática violación de los derechos humanos.

En cuanto a la ayahuasca, es una pócima mezcla del extracto de varias plantas que crecen únicamente en el Amazonas. Los pueblos indígenas de la selva la han usado desde siempre como “medicina curativa”. Tanto es así que es patrimonio cultural en Perú y Brasil. Su uso es legal – no se considera una droga- en la gran mayoría de países, incluido España. La ayahuasca se toma  habitualmente de noche, aunque puede hacerse de día sin problema, y se toma en un ritual organizado por un chamán. En Colombia, los chamanes tienen el título legal de médico ancestral, con número de serie incluido, y son reconocidos por las leyes del país. Son los líderes de las comunidades indígenas que viven en el Amazonas.

Aunque yo no he probado apenas drogas, ésta, por el entusiasmo que Dani contagiaba, me llamaba la atención. Finalmente, estando en Caracas, vi que se iba a hacer una toma en una casa que estaba en el límite de uno de los barrios buenos… con uno de los no tan buenos. Al principio me infundía mucho respeto, y tenía algo de miedo. Tomar algo nuevo que no sabes que es, pero que sabes que altera tu sistema nervioso, y hacerlo en Caracas, la ciudad más insegura del planeta, quizá no parezca una buena idea. “A ver si me van a robar o vete a saber…” pensaba. Así que se lo planteé a mi casero, con el que me llevaba bien, y él me propuso ir a la tarde conmigo, ver el lugar, y luego decidir. Y así hicimos. Fuimos, vi que el sitio no tenía mal aspecto, que había mucha gente organizándolo, y que daban buena sensación, así que decidí volver a la noche. Al fin y al cabo, mi tío y mi casero sabían donde iba a estar, y con quién, y esto ya me daba cierta seguridad.

Chapellín

Foto desde la tapia de la casa, cuando fui a verla en la tarde. Justo detrás queda el barrio de Chapellín

Cuando llegué de nuevo a la noche, me di cuenta de que mi preocupación era infundada. Ahí había como treinta o cuarenta personas, más organizadores y seguridad, que serían otra decena. De los asistentes, muchos venían habitualmente, así que se conocían entre ellos y charlaban amistosamente. Luego supe que algunos de ellos eran ex-adictos a distintas drogas. Curiosamente, esta sustancia se usa también para quitar a la gente de las adicciones, con un porcentaje de éxito bastante alto. De ahí que no sea nada desencaminado considerarlo una medicina.

Y, ¿de qué iba todo esto? Bueno, por el tema del ritual no estaba permitido hacer fotos, pero sí hice una del altar antes de toda la ceremonia.

altar ayahuasca

Aspecto del “altar” antes de la ceremonia

Pues como veis una mesa normal decorada, tampoco hay mucho más que ver. La ayahuasca todavía no estaba ahí. Era una pócima bastante amarga, no sabe muy bueno la verdad. Pero no nos adelantemos. Antes de toda la ingesta, hubo un largo preámbulo:

Primero el chamán nos explicó quién era, de dónde venía, en que iba a consistir todo, etc. Resulta que este hombre era “chamán entre chamanes”. Los chamanes se reúnen y eligen a un líder, algo así como hacen los cardenales con el Papa de Roma. Pues este chamán, era el jefazo de los chamanes de Colombia. Y venía de una aldea al sur de país, por donde queda la selva.

La ceremonia constaba de tres tomas, a gusto del consumidor y según se sintiera. Venían precedidas de una ingesta voluntaria de “tabaco orgánico”. Yo no quería tomar eso, pero la gente que iba habitualmente me lo recomendó encarecidamente. El tema es que te soplaban el tabaco por la nariz y eso a mí no me hace ni pizca de gracia. Encima les dije que soy alérgico (al polvo), así que me pusieron ración doble. Una vez me metieron esa cosa, me pegó un pelotazo instantáneo. ¿Pero no era sólo tabaco? Joder, eso era como haberse bebido seis cubatas de golpe, y encima me decían que no me tocara la nariz, que me picaba un montón. Luego empecé a marearme y acabé sintiéndome bastante mal… tanto que vomité. Vaya, que fue llegar y besar el santo. O cómo dicen… “la primera, en la frente”. ¿Pero esto no era el preámbulo?, pensaba. Si la ayahuasca es lo fuerte, ¡¡no lo voy a aguantar!!

Todo esto del tabaco era sólo para dejarte la nariz despejada y “recibir mejor la ayahuasca”. Desde luego que no vuelvo a probar eso jamás, prefiero recibirla con la nariz bien tapada, no me importa. Por supuesto al resto de gente no le pegó así de mal, y sencillamente lloriquearon un poco. Luego sí, te queda la nariz limpísima, pero a qué precio…

Cuando después de un rato de horribles sensaciones por fin vomité, me repuse rápidamente y fui al interior de la casa, donde ya habían empezado las explicaciones de la toma. Nos explicó que era una experiencia de unión con la Madre Tierra, o como la llaman los pueblos indígenas, Pachamama. Se pasaría gran parte de la noche hablándonos de la Madre Tierra y el todo que formamos con ella.

Antes de la toma, el chamán inició una serie de ejercicios físicos y nos hizo cantar. Entiendo que esto lo hacía porque así tu cuerpo entraba en un estado positivo, con lo que sería más improbable que tuvieras un mal viaje. Y por fin, después de todo el lío, fue la toma.

Tomé la primera a eso de las diez y media y me senté en una colchoneta que traje a esperar que me hiciera efecto. Nada de nada. Tan poco efecto me hizo, que me acabé durmiendo en la colchoneta. A eso de la una y media me despertaron para la segunda toma. Esta vez la tomé y me puse a caminar, no fuere que por estar tumbado se amortiguara el efecto o qué se yo. Me senté junto a una hoguera que pusieron en el exterior. Y sí, esta vez sí hizo efecto. Muuuucho efecto. Y ¿qué se nota? Pues no penséis que es un alucinógeno ni nada así. Algunas personas tienen experiencias distintas, pero al menos, para mí, no lo fue.

En general, la gente dice que no se parece a ninguna droga. Es complicado de explicar, pero por ejemplo, es evidente que las drogas merman tu capacidad cognitiva. Uno puede pasárselo bien estando drogado, pero es consciente de que no calibra, ni razona, ni toma decisiones con la misma lucidez que sereno.

Sin embargo, la ayahuasca es todo lo contrario. Lleva tu conciencia a un nivel superior. Exponencialmente superior. No sé si conocéis el relato bíblico del rey Salomón, pero se podría decir que la ayahuasca te salomoniza. Eres infinitamente más capaz de distinguir el bien del mal, la justicia, y la ética y las consecuencias de tus propios actos. Ves el mundo con una clarividencia mucho mayor a la habitual, y bajo ese prisma las reflexiones son, claro, mucho más precisas. Entiendo que es por ello que ayuda a superar las adicciones, como a muchas otras cosas. La gente que la toma habitualmente -esto es, varias veces al año-, lo hace porque les ayuda a ser más felices. Para mucho ya es un tema casi religioso. Ven en la planta al verdadero “Dios”, el significado de la vida, etc.

Tomar ayahuasca tampoco se entiende como algo lúdico. Mucha gente vomita, o se la pasa visitando el baño toda la noche, para expulsarla. De hecho, algunos dicen que deberías expulsarla, una vez le diste uso. Y hay gente que lo pasa muy mal, porque al final es un encuentro profundo con uno mismo, y claro, depende de como seas, podría no gustarte nada lo que veas.

En mi caso, al principio lloré. Me pasé un rato reflexionando y llorando. Ya cuando llevaba un tiempo, me avisaron de que iba a ser la tercera y última toma. No me encontraba del todo bien anímicamente y aún menos físicamente, pues se me revolvía el estómago, así que decidí no tomar más. Esa planta es una buena bomba, y el pelotazo puede ser muy fuerte si no tienes control. Por ello también está bien que te la de alguien enterado, como es el chamán.

Ya al poco rato empecé a encontrarme mejor, y el resto de la noche estuve tumbado en mi colchoneta, sólo pensando y disfrutando. No voy a profundizar más porque las vivencias son muy personales. El chamán prohibe hablar con nadie durante las primeras horas, para que sea un viaje interior sin distracciones. Hasta que a cierta hora de la noche, sí deja socializar, y vuelve de nuevo a hacer actividades de bailes, saltos y cosas así. Por supuesto, esto depende mucho del chamán, y para otros, la ceremonia es totalmente distinta.

Además, algunos de los organizadores tenían un grupo de música, y traían una guitarra y se pusieron a cantar una música muy relajada. Todo planeado de antemano por supuesto, pues la música tiene la característica de que emociona, por lo que reconforta oírla. Y para ellos, toda la ceremonia es un motivo de alegría y celebración de la vida. Yo la disfruté mucho.

Cuando llegó el momento de las actividades, estaba muy tranquilo tumbado a mi aire, y la experiencia me estaba siendo muy provechosa, así que ya no participé de todo eso. No lo necesité.

Finalmente, la noche pasa, y cuando amanece el efecto se empieza a dliuir. Se acaba la ceremonia de nuevo con unas mínimas actividades físicas, y se desayuna, antes de la despedida. Ya en el desayuno fue cuando estuve intercambiando impresiones con algunos de los asistentes habituales, y descubrí como para algunos es incluso el epicentro de su vida, algo así como un descubrimiento que les salvó de malas vidas anteriores.

En resumen, fue una experiencia buena y recomendable, siempre que tengas claro que no vas a pasártelo bien claro, sino a aprender de tí mismo. Y si alguien está planteándose probarla, que se olvide de los miedos. No es adictiva y tampoco peligrosa, siempre que sea una ingesta controlada.

BSO: cuando escuchaba la música durante la noche me acordaba de esta versión de la canción “Por el suelo” del grandísimo Manu Chao, que también canta a Pachamama, y que tiene un ritmo y un estilo muy parecidos a los de la música de aquella noche.

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Próxima entrada: Viajando por un paraíso: Canaima y Orinoco (I)

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10 comentarios en “La soga del muerto

  1. Lol… hace un par de años también probé por curiosidad la fulana Ayahuasca! con el tabaco de la naríz uncluido, pfff!! Que vaina tan fea, me pareció una perdida de tiempo, todo el mundo hablando estupideces de que era curativa, de que esto, que lo otro, un poco de exdrogadictos, un par de viejas, una familia llevando a un niño. Naah, me pareció que estaban todos locos. Se la pasaron vomitando y haciendo del 2 toda la noche, yo probé una vez y más nada, que segunda toma ni que segunda toma! Guacala! jajajaja…

    Bueno, esa fué mi experiencia personal, así que no empiecen a raisear aquí a favor del la Ayahuasca.

    See ya!! 😉

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    • No será que ni siquiera llegaste a notar su efecto? Me sorprende tu comentario tan “determinado”. jajajaj lo del tabaco es lo peor de la noche, sin duda. Y bueno, lo mío fue sin duda un 3bet claro en favor de la ayahuasca.

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  2. Interesantísimo, justó hace unos días leí un blog de otra persona que contaba un relato sobre la ayahuasca. Me han entrado ganas de probarlo y espero hacerlo en uno de mis viajes por sudamerica.

    Un abrazo!

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    • Sí… como digo hoy en día lo puedes probar en cualquier ciudad europea, y no es ilegal, sino alegal. Aunque yo creo que lo mejor debe ser en un sitio tipo donde lo hizo mi amigo Dani, en Santarem, junto al Amazonas, y lo que sí creo imprescindible es hacerlo con el chamán, y no por tu cuenta.

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    • Gracias compi =) Todavía tengo pensado publicar algunos artículos más de Venezuela… es un país sobre el que hay demasiado que contar jajaj y aún no he contado nada de los viajes!! De Colombia publicaré más adelante… quise condensar los tres primeros meses en dos artículos y seguro que da bastante más de sí. Saludos crack!

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