Historias del país de la locura (I)

Voy a hacer un paréntesis en el relato de mi viaje para contaros lo que sigue. A lo largo de mi estancia, fui escuchando diversas anécdotas que por lo inverosímil me gustaría contar, a modo de ejemplo de lo surrealista que se ha vuelto la situación en el país. Todo el mundo tiene una historia que contar en este país, si no unas cuantas. Aquí algunas de ellas:

1. En Cartagena conocí a un chico colombiano de Couch Surfing que había estado allí de vacaciones, y ya me metió el miedo en el cuerpo. El pobre tuvo la mala suerte de que la policía le parara varias veces. En una de ellas, en plena ciudad (Valencia, una de las principales) se lo llevaron a comisaría. Allí le hicieron quitarse la ropa hasta dejarle en calzoncillos, y le robaron varios cientos de dólares que llevaba en efectivo -como sabéis, por el tema del cambio, la gente suele traer un montón de efectivo que cambian en la frontera-. Por las historias que he podido conocer de colombianos, no ha sido la única víctima…

2. Iñaki era un vasco, como su propio nombre indica, que conocí en Canaima. De los pocos que anda de turismo por aquí, y venía a menudo dado que su novia era venezolana. En su último viaje, ya en el aeropuerto de Caracas embarcando hacia España, le llamaron por los altavoces. Se lo llevaron al cuarto de la policía, donde tenían su maleta. Le preguntaron si era suya, y si la podía abrir (tenía un candado). Iñaki es fotógrafo, así que llevaba cámara y objetivos por valor de varios miles de dólares, además del portátil. Después de responder algunas preguntas, le dijeron que podía volver al embarque y que no se preocupara por la maleta, que la llevarían ellos al avión. Cuando fue a recoger la maleta en el aeropuerto de Barajas, Madrid, efectivamente, allí estaba, sólo que casi vacía. Le habían dejado algo de ropa, supongo que para que no se lo tomara a mal… Fue a poner denuncia y bla bla bla, pero cuando la policía es quien te roba, ¿a quién puedes realmente reclamar? Lo perdió para siempre.

Iñaki es el guaperas que aparece de espaldas. La otra es su mujer. Sí, no tenía otra foto de ellos... Y esa es la culiara con la que llegamos al Salto Ángel

Iñaki es el guaperas que aparece de espaldas. La otra es su mujer. Sí, no tenía otra foto… Y esa es la culiara con la que llegamos al Salto Ángel

3. El día de nochebuena, ya de noche -os recuerdo que anochece sobre las seis aquí- pararon a un amigo de mi tío en un control policial. Él nos contó la historia unos días más tarde. Los controles policiales son relativamente normales y más en una fecha así de señalada. Lo que no es tan normal fue lo que le pasó: el policía le pidió ver su smartphone nuevo, él se lo dejó al policía, y… ese teléfono ya nunca existió. Como siempre, reclame a quien quiera, esto es un país libre…

4. De esto ya hace unos años. En la misma calle donde yo vivía en Caracas, en Chacao, el barrio casi más seguro de la ciudad, día entre semana y a las dos de la tarde. Mi tío deja aparcada su furgoneta justo en el portal de casa, y sube a comer. Una furgoneta con alarma y bloqueo de volante. Pues bien, a los diez minutos su madre sale al balcón gritando que la furgoneta había desaparecido. Eso es lo que tardan en robar un vehículo en Caracas… Tampoco se volvió a saber de ella.

mi tío y yo fábrica

Una foto con mi tío, para que le pongáis cara. El gorrito es la última moda en Venezuela, está pegando muy fuerte

5. Mismo protagonista, unos años antes y un par de calles más abajo, en la avenida principal Francisco de Miranda. Seis de la mañana, ya habiendo amanecido, volviendo de fiesta cuando aún era un jovenzuelo. Apenas unos metros antes de llegar a la calle que sube hacia casa, sale disparado desde detrás de él un coche, que a toda velocidad se le pone a la izquierda, en paralelo, mientras el copiloto le apunta con un arma. Mi tío, en una reacción instintiva, acelera más y se salta el semáforo en rojo que regula el acceso a la calle que sube a casa, donde gira a la derecha para enfilarla, con tal mala suerte que, en el giro, por exceso de velocidad, el coche vuelca y da varias vueltas de campana. Los ladrones, dado el alboroto, huyen. Por suerte, a él no le pasó nada, pero el coche… siniestro total.

6. Cada vez que me montaba en el coche de Dgisa, mi contacto principal en Caracas, pasaba un poco de miedo. Dgisa es con diferencia la chica que mejor he visto conducir en mi vida. Lleva conduciendo intensivamente desde los catorce años, y esto se evidencia, pues tiene mucha más soltura al volante que yo o la gran mayoría de personas. Por ello, no le supone un problema chatear en el móvil mientras conduce. Lleva el móvil agarrado con el dedo gordo mientras sujeta el volante… yo me tiraba de los pelos. Por suerte o por desgracia, esa destreza le sirvió, ni más ni menos, que para zafarse de hasta cuatro persecuciones a lo largo de su vida… y salir ilesa. Y yo que pensaba que esto de las persecuciones era sólo cosa de las pelis americanas…

fiesta local de salsa Caracas

Con Dgisa y otros amigos de fiesta en Caracas

7. Nadie te recomienda subir en un autobús de línea en Caracas, o busetas, como aquí las llaman. Sencillamente el riesgo de ser asaltado es desproporcionalmente alto. Los autobuses inter-ciudad también, aunque en menor medida. No tuvo suerte el padre de Ibelis. Si recordáis, viajé con él e Ibelis desde Maicao hasta Caracas y me quedé una noche en su casa en San Antonio. Se ve que la primera vez que él y su mujer fueron a visitar a su hija a Cartagena… sufrieron un asalto en el autobús que comunica ambas ciudades. Varios malandros con armas largas subieron al autobús y se encargaron de robar, uno por uno, a todos los pasajeros. Así de inseguro es viajar en este país, donde no estás a salvo ni en las líneas de viaje habituales. ¿Os imagináis un asalto en uno de esos autobuses Alsa, en España?

Por cierto, anécdota aparte, el padre de Ibelis fue un reportero que hace años trabajó para algunos de los principales periódicos del país, viajando por multitud de países durante años. ¿Sabéis a quién tenía de compañero en al redacción? A un etarra exiliado… se ve que aquí rehacen sus vidas sin problemas.

Ibe+ papi + cochazo

Ibelis y su padre posando con nuestro cochazo camino de Maracaibo

8. El mototaxismo es algo que en mi país no conocemos. Sin embargo, tanto en Colombia como en Venezuela es muy habitual, y lo encuentras en todas partes. No te recomiendan usarlo salvo caso de extrema necesidad, y si puede ser, con un mototaxista de confianza. Esto es, porque la delincuencia es bastante alta en este sector.

Pues bien, esta historia me la contó mi vecina, sobre una amiga suya de clase. Se ve que en cierta ocasión, mientras iba en mototaxi, al conductor de la moto le dio por asaltar, en un semáforo, al coche de al lado. “Usted tranquila, no se preocupe, que yo estoy trabajando”, le dijo. Ya sabéis, el cliente siempre es prioritario, pero si mientras tanto se puede hacer algo de dinero extra… La chica acabó el viaje, pagó y no le pasó nada. Lo normal supongo.

9. La jungla de cristal. Por eso le puse tal título al otro artículo que hablaba de esta ciudad. Esta anécdota me recordó a esa película y… el nombre en sí es tan explícito… Fueron varias fuentes distintas las que me contaron esta historia, que ya sobrepasa mi imaginación. De hecho, no sé si hablaban de la misma historia o sencillamente ha habido varias similares, que es lo que imagino.

Diez de la mañana, día entre semana. Centro de Caracas. Un edificio residencial, pongamos que de doce plantas. Llegan varios malandros con armas largas y entran al edificio. Esperan a sorprender al primer vecino que salga de casa, le asaltan y le obligan a entrar en casa. La desvalijan entera. Cuando acaban, le piden al pobre hombre que vaya a la casa de su vecino de enfrente. El vecino de enfrente por supuesto le abre, y una vez lo hace, repiten la operación. Y así, piso por piso, planta por planta, hasta desvalijar el edificio entero. Como la impunidad aquí es el pan de cada día, pues como si nada…

Yo puedo imaginarme un asalto a una casa, quizá en una urbanización de ricos, en la noche, etc. Pero… ¿asaltar un edificio entero, en el centro, que no es precisamente una zona lujosa, y a plena luz del día? La realidad supera a la ficción.

Y bueno, hasta ahí la primera entrega de anécdotas. A ver si recopilo otras tantas y hago otro segundo artículo. Os dejo con una champeta muy conocida en Cartagena para amenizar la digestión. ¡Paz y amor!

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Próxima entrada: Viajando por un paraíso: Gran Sabana, Brasil e Isla Margarita (II)

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3 comentarios en “Historias del país de la locura (I)

  1. Saludos desde Venezuela squip! Yo tengo miles de anécdotas de robos que me han hecho en Caracas y tal! Jajajaja Curiosamente tienen como dos o tres años que no me roban! Creo que ya he pasado la mala racha!

    Te escribo también para recomendarte visitar el pueblo de donde soy, se llama Colonia Tovar… es un ambiente montañoso, frio fundado por inmigrantes alemanes…queda como a dos o tres horas de Caracas y es una visita obligada para salir del estrés de la ciudad.. quizás te han hablado sobre eso!

    Cualquier cosa estamos a la orden!

    Saludos!

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    • Hola Mijael! =) bienvenido al blog!! jajaj bueno, hay gente incluso que no le han robado nunca, pero desde luego son los raros…

      De tu pueblo me hablaron mucho! Es uno de los principales reclamos turísticos cerca de Caracas. La verdad, estuve cerca de ir pero al final no se dio. El tema es que yo viví un año en Alemania, por lo que en realidad no le tengo tanto interés como entiendo que le tiene la gente de allá, como es lógico. Anyway, cuando vuelva si me acerco te avisaré! =)

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  2. Corroboro la historia del mototaxista, a una amiga le pasó, iba en el mototaxi y en una cola de carrols le dió por atracar a una persona en un carro, y le dijo a mi amiga: “Ud tranquila que yo no robo a mis clientes” lol.

    Lo de que roban el edificio completo es como hardcore, si he escuchado que roban un par de casas vecinas, a un amigo le pasó, vivía con su familia en una urbanización, entraron un poco de tipos, esperan que salga o entre alguien de la casa y taz!! le caen todos, lo amarraron a él y a su familia, le robaron todo, los dejaron amarrados y se fueron a la casa de los vecinos a hacer lo mismo, en total robaron 3 casas los hps!

    Heavy metal!

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