Viajando por un paraíso: Gran Sabana, Brasil e Isla Margarita (II)

Viene de aquí.

No veo una solución fácil, pero finalmente damos una vuelta con el coche y encontramos un hotel de cuatro estrellas muy cerca de la rotonda. Pido amablemente al recepcionista que me deje esperar en los sofás. Me ve cara de desesperado y accede. Y ahí me quedo toda la noche… dan las tres, las cuatro, las cinco… no pego ojo en toda la noche y no es hasta casi las siete de la mañana, ya de día, cuando por fin me dan noticias desde el autobús. Rápidamente cojo un taxi y les alcanzo en la rotonda. Subo al autobús y sólo me apetece dormir. Por suerte me tocan dos compañeras de viaje muy simpáticas y me dejan acomodarme… todavía queda muuucho rato hasta llegar a la Gran Sabana. Aquí las distancias son grandes y además no hay autopista, por lo que los viajes son prolongados.

autobús Gran Sabana

Mis compañeras de autobús durante los larguísimos viajes por la Gran Sabana

A la tarde llegamos al campamento, en San Francisco de Yuruaní, que es un pueblecito ya cerca de Santa Elena de Uairén, la última villa antes de Brasil. Y, ¿qué es la Gran Sabana? Pues como su propio nombre indica, una sabana, situada en un altiplano. Parecida a las de África, supongo. Una enorme extensión de tierra con poca vegetación. Y el atractivo turístico principal es, precisamente, aquellos lugares dentro de la sabana donde aparece el agua y crece otra vegetación, dando lugar a varias cascadas. Como telón de fondo, tenemos los tepuyes, y las líneas de frontera, que siempre hace ilusión cruzar.

Gran Sabana mapa

Mapa de la zona. Al noroeste se observan los tepuyes occidentales, entre ellos el Auyantepuy -“Chimantá Massif”-, que es donde se encuentra el Salto Ángel. La Gran Sabana es la zona seca que queda alrededor de la carretera que baja a Brasil. Canaima y la Gran Sabana están relativamente cerca, pero son dos viajes distintos y como veis no hay comunicación por tierra. Se pueden observar los tepuyes orientales (Roraima el principal) al este de la carretera, y como estos marcan la frontera con Guyana, y más abajo, Brasil. Y al oeste, queda el inicio de la selva amazónica.

Además, este lugar fue, por sus características únicas, uno de los sitios donde grabaron Jurassic Park. Se considera la formación geológica más antigua de la tierra.  Hace años que no veo la película, pero sin duda alguna, acertaron con el lugar…

Jurassic Park

¿Os imagináis corriendo aquí con un T-Rex pisándoos los talones?

La verdad que la sensación de acercarse tanto a alguna de las cascadas es genial. El más impresionante es el Salto Aponwao, el más alto de la Gran Sabana y con un caudal brutal, y eso que fuimos en la época de sequía. Dicen que este viaje hay que hacerlo dos veces, porque el paisaje cambia radicalmente en época de lluvias. Tanto, que uno no puede ni acercarse a las cascadas.

Aponwao

En el salto Aponwao. Increíble es poco

Estuvimos varios días recorriendo los distintos saltos, alguno incluso llegando vía jeep y culiara (canoa). El último día cruzamos la frontera y pasamos el día entre Santa Elena de Uairén y Pacaraima. La frontera, por supuesto, totalmente descontrolada. Vaya, que eso era como cruzar entre España y Francia, salvo por el hecho de que sí existen ambas aduanas. Pero en la práctica, el control es “voluntario”. Cuando pasé la frontera… un subidón de adrenalina me invadió, y me invitaba a seguir mi viaje hasta Manaos… y visitar así un país al que le tengo muchas ganas. Stephanie, la canadiense que conocí en Canaima, venía de allá y me ofreció ir con ella más adelante, pero… el hecho de tener el portátil y medio equipaje en Caracas, además de piso pagado, me echó para atrás. ¡Me lo dejo en la reserva para un futuro, no muy lejano!

Brasil-frontera-Venezuela

Bebiéndome una caipirinha en la frontera

Finalmente toca volver a Caracas, y chuparnos así el viaje de autobús más largo que hice en mi vida. Si el trayecto más prolongado hasta ahora había sido, en España, un Barcelona-Santander, que son algo así como nueve horas, éste fácilmente doblaba ese número. Por otro lado, nada raro en Suramérica, donde la gente de a pie no tiene dinero para un avión, por lo que es habitual hacer viajes de 20, 30 y hasta 48 horas en autobús.

Kukenan y Roraima

Con los tepuyes de fondo. Dada su altura es raro verlos sin nubes

Llegado a Caracas, me doy cuenta de que por un malentendido no puedo seguir quedándome en la habitación que tenía alquilada, quedándome en la calle de un día para otro. Pensaba pasar unos días en Caracas antes de estudiar el siguiente viaje, pero debo improvisar ya que encontrar otra habitación va a ser una misión casi imposible, y pagarme un hotel es algo factible para unos días, pero no para un mes. Finalmente, contacto con Stephanie, la chica canadiense, que se ha juntado con otra amiga portuguesa (Daniela) en isla Margarita. No me lo pienso dos veces y aprovecho la facilidad de improvisación de este país: al día siguiente estoy volando a Margarita.

Margarita es el lugar turístico de Venezuela por excelencia. Bueno, era. Porque hoy por hoy el turismo es casi solo nacional, dado el incremento de la inseguridad. Sin embargo, existe una pequeña aldea irreductible de indestructibles gal… venezolanos. Una pequeña aldea de un único acceso, que por dicha condición, mantiene a los malandros alejados. Por suerte, Daniela ya conocía la isla, y estaba justo en el lugar donde había que estar: El Yaque. El Yaque es además conocido por ser uno de los mejores lugares del mundo para hacer windsurf y kitesurf. Una pasada de deporte este último, de lo más parecido que existe a volar… sin avión. Por desgracia algo caro, aunque sin duda voy a volver allá para aprenderlo. El Yaque es una playa con buen tiempo todo el año y viento constante siempre en la misma dirección, por lo que se dan las condiciones perfectas para este deporte -ver a partir del 1.25-.

Aparte de eso, es de las pocas playas en el país donde se puede estar de noche con tranquilidad, dado que los bares están abiertos hasta las doce. En definitiva, un rinconcito muy recomendado. Allí pasé casi dos semanas y fue en ese remanso de paz donde empecé a gestar este blog. Os dejo también con otro vídeo, de cosecha propia, de la playa de noche, y de mis excelentes compañeras de habitación, con las que congenié desde el principio.

Quedamos en volver a reencontrarnos de nuevo en la isla, promesa que espero cumplamos… más pronto que tarde. La verdad es que apenas vimos la isla: Porlamar, que es la capital, donde bajábamos a hacer gestiones, y nuestra playa de El Yaque. Tan bien estábamos que no nos movimos. No importa, porque yo soy de los de la filosofía movimiento slow, así que así está bien, pues tengo una excusa para volver.

Isla Coche

Isla Coche, pequeña isla frente a la playa de El Yaque. Casi el único sitio que turisteamos más allá de nuestra querida playa

De las salidas a Porlamar, hice tres para jugar live en uno de los casinos. Margarita es el único lugar del país donde aún están permitidos. La mesa, la más débil en la que estuve nunca. 10 atunes y un servidor. Aún así, tuve un gran bad beat en un full vs full mayor que hizo que saliera con unas pequeñas pérdidas. También aprendí que es una estupidez ir a jugar con veinte ciegas, porque el dinero está jugando con cien. Aunque sea jugar fuera de banca, mi próxima visita en vivo no va a ser ya para perder el tiempo. A ligar mi trío o mi color y rentabilizar un poco el tiempo.

Decir que es complicado jugar en vivo por el tema de llevar el efectivo, que es muchísimo dinero fuera del casino. Tenían dos niveles. En el primero, las ciegas equivalían a algo así como NL 100, pero en este nivel apenas se jugaban dos horas. Luego subían a algo así como NL 250. No sé si recordáis la entrada en la que hablaba de lo que significa sacar 200 euros en este país… pues eso. Como apunte gracioso, durante los días que estuve en la isla se dio una inflación galopante. una subida de algo así como del 40% en apenas dos semanas. Tan brutal fue, que el segundo día que fui a jugar, los jugadores decidieron que jugar esas ciegas ya no valía la pena porque “era muy poco dinero”, así que las subieron al doble.

¡Y así fue esta segunda parte de mi viaje por este espléndido paraíso!

Finalmente volvimos los tres a Caracas, donde pasaría unos días para despedirme de amigos y familia, antes de emprender mi último viaje por el país…

Más fotos aquí.

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Próxima entrada: Historias del país de la locura (II)

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Un comentario en “Viajando por un paraíso: Gran Sabana, Brasil e Isla Margarita (II)

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