Viajando por un paraíso: Los Andes (III)

Nos habíamos quedado en mi vuelta a Caracas. Apenas estuve unos días, lo justo para salir de fiesta, probar por primera vez las sabrosas cachapas, y celebrar el cumpleaños de mi tía. Para eso, y para visitar un par de fábricas para las que trabaja mi tío. Una de ellas la habían asaltado el pasado diciembre. Es una zona industrial a la cual se llega a través de un “barrio”, siendo el camino un poco chungo… la última parte de éste incluso sin asfaltar. Dicha fábrica era de las últimas del sector que aún permanecían sin haber sufrido asaltos… hasta esta última navidad. Os dejo un vídeo de una parte del camino, aunque no era la peor (en la peor sencillamente no me atreví a grabar). Por cierto, me acabo de fijar en la letra de la canción que sale al principio del vídeo… muy acorde todo.

La verdad que me hubiera quedado más tiempo en Caracas, pero como sabréis, en la mayoría de países apenas te dejan pasar tres meses haciendo turismo, y bueno… estuve planteándome alargarlo otros tres, que es lo máximo que te permiten, pero para ello te exigen tener un vuelo de salida del país, aparte de requisarte el pasaporte unos diez días mientras lo gestionan, lo cual en este país no me hace ni gracia. Y además, ¿adivinad qué? No se venden vuelos. A menos que te gastes una millonada, y ni aún así los encuentras. Además, tenía el inconveniente de tener que buscar de nuevo habitación, y sinceramente, es demasiado complicado. Y todavía necesitaba unos días para mi último viaje…

Made y yo

Con Made, a la que conocí en el viaje a la Gran Sabana, en una de mis últimas noches en Caracas

Mi próximo destino era Medellín, así que para cuadrarlo todo, la idea era esta vez pasar la frontera por Cúcuta, que queda más cerca. Total, el miedo ya lo había perdido. De paso, iba a visitar a Gabriel, jugador de poker que vive a escasos kilómetros de la frontera, en la ciudad de San Cristóbal. Y para ir a San Cristóbal, antes iba a pasar por Mérida, ciudad pequeña universitaria situada en los Andes. Porque sí, hasta aquí llegan los Andes, que alcanzan en Venezuela los 5.000 metros de altura en el pico Bolívar -y sí: calles, plazas, aeropuertos, la moneda y hasta las montañas llevan el nombre de este señor, como veis-.

El viaje a Mérida me atemorizaba un poco, porque lo iba a hacer “solo” del todo, es decir, sin saber dónde iba a dormir ni por dónde me iba a meter. Por suerte, ya a estas alturas del viaje, mis contactos dieron sus frutos, y cuando llego al aeropuerto de El Vigía, a una hora y media de Mérida, me viene a recoger un miembro del ejército venezolano, que muy amablemente me lleva hasta la ciudad. Mantendré en secreto el nombre de este chico, que resultó tener historias muy interesantes…

Por lo visto trabajaba en una estación de radar fronteriza con Colombia. Su trabajo consistía en controlar el espacio aéreo en esa zona. Por lo que tengo entendido, Venezuela se ha convertido en los últimos años en un país habitual en la ruta de la droga, siendo punto de salida habitual hacia Europa. Según contaba, es corriente que pasen avionetas con droga de Colombia hacia Venezuela. Tan habitual se ha vuelto este tema, que hay semanas en que se detectan varias avionetas de este tipo. Su trabajo es detectarlas. Luego avisa a la aviación venezolana, y éstos envian a un par de cazas aéreos a interceptarlas, obligándolas a aterrizar o derribándolas si hace falta. Me sorprendió escuchar todo esto porque son cosas que nunca oímos ni oiremos en las noticias, y sin embargo es otra parte de la realidad, oculta, de ambos países.

Al hilo de esto, comentar que cuando estuve en Gran Sabana conocí a una mujer que vivía en un pueblo de la zona de Apure, también en la frontera con Colombia, pero algo más al sur. Según contaba ella, en esos pueblos la presencia de las FARC es habitual, y están compinchados con altos mandos del ejército venezolano. A la gente con negocios en el pueblo se les obliga a pagar las llamadas “vacunas”, es decir, una extorsión a cambio de “protección”. Algo así como el impuesto revolucionario de ETA en el País Vasco o el pizzo de la mafia en el sur de Italia. Lo que más me sorprendió de lo que contaba es que para ella era una realidad asumida, no penséis que me lo contaba como el gran secreto que nadie sabe, sino como quien te dice que esta tarde se ha ido al cine a ver tal x película. Es decir: altos cargos del ejército venezolano cobran sobornos, es sabido quienes son, les conoce todo el pueblo, y… ¿nadie hace nada por cambiar eso? Me lo explicaba con una naturalidad pasmosa… cuando la gente te cuenta estas cosas, es más fácil no ser tan escéptico con noticias como ésta.

San cristobal map

El recorrido fue el siguiente: avión de Caracas a El Vigía. El Vigía-Mérida. De ahí a San Cristóbal, y de allá a Cúcuta, que es la primera ciudad colombiana, todo por tierra. De Cúcuta a Medellín de nuevo en avión, con escala en Bogotá

Bueno, pues por fin llego a Mérida. La ciudad, la verdad que no me llamó la atención. Urbanísticamente es un desastre, con calles muy estrechas, continuamente atascadas, y aceras donde apenas cabe media persona, de esas que en cuanto te encuentras una farola tienes que ponerte de perfil para no pisar la calzada.

Sí es cierto que los gochos son muy amables, y que debe ser la ciudad más barata del país. Llegué a comer por menos de un euro, y el hostal me costaba menos de tres. Entiendo que el encanto de Mérida es su gente y los paisajes de alrededor, pues está en plena montaña. La verdad que al estar apenas un día y medio y no conocer a nadie no la disfruté suficiente.

Aspecto de una calle cualquiera de Mérida

Aspecto de una calle cualquiera de Mérida

Finalmente, pongo rumbo a San Cristóbal, donde me espera Gabriel. San Cristóbal es una ciudad notablemente más grande que Mérida, pero que tiene un escaso interés turístico. Como ya he dicho alguna vez, en estos países lo bonito es visitar sus paisajes. Si estás acostumbrado a las ciudades europeas, no creo que les encuentres demasiado interés. Sin embargo, la gracia es conocer a sus habitantes y su idiosincrasia, y para eso en realidad importa poco como sea la ciudad en sí. Comiditas, cenas, y algo de fiesta, a eso me dediqué en San Cristóbal.

Gabriel y cía.

De comidas va la cosa =)

Gabriel fue un perfecto anfitrión en todo… muy gracioso cuando se ponía a jugar a poker y perdía los nervios con los que él llama “los loquitos”. Entonces se ofuscaba en recuperar su dinero como fuera, y a poco se queda el día entero jugando si hace falta…

Finalmente y tras unos días de buena acogida, me dirijo a San Antonio, el último pueblo de Venezuela, justo el mismo día que me caduca el sello del pasaporte… ¡si es que he disfrutado este país más que ningún otro! Cruzo a Cúcuta, que está a apenas unos metros de la frontera, y paso una noche en casa de Alejandra, una couchsurfer muy simpática que trabaja en temas de importación y exportación entre ambos países. ¡Un buen contacto si el día de mañana me da por hacer negocio! Una lástima que no pudiera quedarme más días en Cúcuta, queda pendiente para la vuelta.

DSC_0011

Con Alejandra en su casa

Por fin, al día siguiente vuelo a Medellín, la ciudad donde pienso establecerme los próximos meses…

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Próxima entrada: Medellín es ciudad: vuelta a Colombia

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